Cuando un astrónomo mira al cielo ve un inmenso campo de estudio que se muere por analizar. Cuando un físico mira al cielo ve innumerables ecuaciones matemáticas y leyes físicas. Cuando un astrólogo mira al cielo ve decenas de dibujos que presagian el futuro. Cuando yo miro al cielo mi mente me lleva a una introspección.
Cuando he tenido la suerte de mirar al cielo nocturno sin ninguna luz en kilómetros a la redonda, cuando he podido ver todas, TODAS las estrellas que el ojo humano puede contemplar, me inunda una sensación brutal de vértigo.
Parece que todas las estrellas caen sobre mí. La primera sensación es la de un espectáculo cósmico inmenso, algo sublime que puede aterrar, pero maravilla. Una belleza nunca antes contemplada. Esa sensación dura unos cinco minutos. Pero cuando sigo con la mirada perdida en el firmamento mi mente me lleva más lejos.
Mirando toda inmensidad, esa oscuridad absoluta llena de luz, pienso. Pienso en el ser humano, en su egocentrismo.
El antropocentrismo natural del ser humano nos lleva a pensar que todo el universo ha sido creado para nosotros. Que todo es una herramienta que alguien nos ha puesto únicamente para nuestro entretenimiento.
Pero cuando miras el cielo como yo lo hago, comprendes que el ser humano es solo una pequeña parte de un todo inmenso.
Comprendes que realmente no eres nada. Comprendes que realmente nada importa. Comprendes que esa estrella que está justo encima de ti nunca sabrá de tu existencia, a pesar de que tu si sepas de ella. Comprendes que estás completamente solo. Comprendes…
Por fortuna yo me di cuenta de esto mucho antes de mirar al cielo. Por eso me encanta mirar al cielo, por que se que todo el mundo cuando mira al cielo se siente igual que yo me siento todo el tiempo.
Por que se que cuando la gente mira al cielo, me comprende a mi.